Durante estos meses hemos leí­do muchos con­se­jos, unos más acer­ta­dos que otros, sobre cómo aumen­tar la pro­duc­tivi­dad tra­ba­jan­do des­de casa, hemos crea­do un espa­cio en nue­stro hog­ar sep­a­ra­do y ded­i­ca­do a tele­tra­ba­jar, hemos apren­di­do a com­pag­i­nar horar­ios, a ser flex­i­bles, cre­ativos, pacientes… pero a pesar de los avances en este sen­ti­do, todavía hay mucha gente que sigue exper­i­men­tan­do una sen­sación de soledad al tra­ba­jar des­de su hog­ar.

Lo cier­to es que, has­ta el pasa­do mes de mar­zo, el total de horas que un español pasa­ba al día en su entorno lab­o­ral super­a­ba con cre­ces las que per­manecía en su hog­ar. Hemos cam­bi­a­do rad­i­cal­mente nues­tra for­ma de vivir y no siem­pre de man­era vol­un­taria.

El equipo de análi­sis de per­son­al de Google, for­ma­do por pro­fe­sion­ales que tra­ba­jan en dis­tin­tas ubi­ca­ciones físi­cas, lle­va años estu­dian­do en pro­fun­di­dad las dinámi­cas de equipo y su con­tribu­ción a la efi­ca­cia del tra­ba­jo. Por eso, des­de su propia expe­ri­en­cia insis­ten una vez más en la impor­tan­cia de que los tra­ba­jadores puedan estar y man­ten­erse en con­tac­to y sen­tirse cer­ca des­de donde tra­ba­jen, pero, ¿cómo podemos man­ten­er este espíritu de comu­nidad si cada uno tra­ba­ja des­de su casa? En este artícu­lo, des­de Think with Google, apor­tan una serie de claves que pueden despe­jarnos esta incóg­ni­ta. 

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