Ante la emer­gen­cia san­i­taria glob­al por el COVID 19, el ter­mómetro se ha con­ver­tido en uno de los obje­tos más uti­liza­dos. Cuan­do acud­i­mos al ter­mómetro para saber cómo está la tem­per­atu­ra cor­po­ral y el resul­ta­do ha sido 37 ºC, las dudas sobre si es o no fiebre invaden nue­stros pen­samien­tos.

Según data la his­to­ria, la tem­per­atu­ra cor­po­ral nor­mal es de 36 ºC. La cifra fue estable­ci­da a medi­a­dos del siglo XIX por el médi­co alemán Carl Rein­hold August Wun­der­lich, el val­or apli­ca para niños al igual que para per­sonas adul­tas.

Para respon­der la duda de si ten­er 37º es un indi­cio de fiebre o no, la pedi­atra Ele­na Blan­co Igle­sias, del Hos­pi­tal San­i­tas La Morale­ja de Madrid, explicó en una pub­li­cación de diario El País, que los val­ores entre 35º y 37,5º “son nor­males” pero la tem­per­atu­ra vari­ará depen­di­en­do del reloj biológi­co de cada indi­vid­uo.

¿Cómo varía la temperatura?

A las seis de la mañana la tem­per­atu­ra está más baja; y, a las 18:00 alcan­za su val­or más alto, o inclu­so en mujeres, un fac­tor clave en la tem­per­atu­ra será el momen­to de ovu­lación, donde será may­or.

De 37º a 37,5º nos están aler­tan­do que puede haber algo en el organ­is­mo que no fun­ciona bien. Pero ni mucho menos es un calor inequívo­co. Los médi­cos hablan abier­ta­mente de “fiebre” a los 38 ºC. “Y a par­tir de los 40 ºC, de fiebre alta”, con­cluye Blan­co.

La tem­per­atu­ra además pre­sen­ta cam­bios según dónde se mida y por ello con­viene detal­lar al médi­co el méto­do de medi­da.

Sofía Sbert, far­ma­céu­ti­ca, señala que si el ter­mómetro se colo­ca en la boca o en el rec­to hay que ten­er en cuen­ta que será entre 0,3 y 0,6 gra­dos más alta que toma­da en el oído, frente o axi­la. Sbert expli­ca que eso se debe a que las cavi­dades tienen una irri­gación de san­gre ele­va­da y “son las que trans­portan el calor”.

  • Los 38 ºC de fiebre pertenecen a la tem­per­atu­ra rec­tal.
  • Si la tem­per­atu­ra mar­ca los 37,5 ºC en la axi­la sí se con­sid­era fiebre.
  • No se debe tomar la tem­per­atu­ra después del baño o de haber real­iza­do una activi­dad físi­ca sino que se debe esper­ar por lo menos 20 min­u­tos.

La fiebre en niños

En el mis­mo artícu­lo, otro espe­cial­ista ase­gu­ra que los val­ores señal­a­dos incluyen a los menores. “Estos val­ores son idén­ti­cos para todas las per­sonas”, expli­ca Roi Piñeiro, jefe aso­ci­a­do del ser­vi­cio de Pedi­atría del Hos­pi­tal Gen­er­al de Vil­lal­ba. “No exis­ten niños de fiebres bajas. Lo que sí existe es la fiebre­fo­bia”.

La fiebre­fo­bia es un tér­mi­no que expre­sa el temor de padres y médi­cos ante la pres­en­cia de fiebre en el niño.


La fiebre es un mecan­is­mo de defen­sa de nue­stro organ­is­mo frente a los gérmenes.

Si el niño tiene febrícu­la, que es has­ta los 38,1ºC, se recomien­da su tratamien­to con antitér­mi­cos, como parac­eta­mol o ibupro­feno.

La pedi­atra Blan­co acon­se­ja que, en los menores de tres meses, se mida la tem­per­atu­ra rec­tal.

Para una mejor medición de tem­per­atu­ra los espe­cial­is­tas recomien­dan ubicar el ter­mómetro en el mis­mo lugar: oído, frente, axi­la, rec­to o boca, para evi­tar que puedan vari­ar los val­ores.

¿Qué termómetro usar?

Los antigu­os eran de mer­cu­rio, pero por la con­t­a­m­i­nación al medio ambi­ente y a que si se rompen logran causar daño a los pul­mones, riñones y al sis­tema nervioso cen­tral, la Orga­ni­zación Mundi­al de la Salud, sug­iere susti­tuir­los por los dig­i­tales o infrar­ro­jos tim­páni­cos.

Este instru­men­to medi­dor ha ido evolu­cio­nan­do con el paso del tiem­po.

Req­ui­si­tos de cal­i­dad que debe ten­er un ter­mómetro

  • Deben ser seguros y que no se rompan
  • Un tiem­po de respues­ta ráp­i­da. La tem­per­atu­ra debería obten­erse en segun­dos.
  • Incluir cer­ti­fi­ca­do de pro­duc­to san­i­tario.
  • Deben estar val­i­da­dos clíni­ca­mente como garan­tía de cal­i­dad y seguri­dad.

“Es impor­tante saber escoger en fun­ción de la edad, colab­o­ración y per­son­al­i­dad de quien se va a medir la tem­per­atu­ra, pero lo fun­da­men­tal es saber uti­lizar estos ter­mómet­ros para escoger el idó­neo y obten­er una lec­tura fiable”. con­cluye Sbert. (S)

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