Pacientes con pica­duras de ser­pi­entes, varias per­sonas con múlti­ples frac­turas como resul­ta­do de un acci­dentes de trán­si­to o con fiebre por dengue son algunos de los casos que atiende a diario la doc­to­ra Ket­ty Arce Cedil­lo, de 37 años.

Es guayaquileña y des­de el 2012 es la respon­s­able del depar­ta­men­to de Urgen­cias del Hos­pi­tal Batha­la­pal­li, en India.

Este cen­tro médi­co es parte de la Fun­dación Vicente Fer­rer, ONG de desar­rol­lo com­pro­meti­da des­de 1969 con el pro­ce­so de trans­for­ma­ción de una de las zonas más empo­bre­ci­das del sur del país asiáti­co: los esta­dos de Andhra Pradesh y Telan­gana.

Mien­tras hacía sus estu­dios en Barcelona (España) Arce cono­ció al médi­co infec­tól­o­go Ger­ar­do Álvarez-Uría, de 44 años, quien aho­ra es su esposo.

Él la con­ven­ció de unirse al proyec­to de la fun­dación que bus­ca brindar una aten­ción digna a los pacientes, cre­an­do empatía y con­cien­cia.

En una sociedad machista, con una ide­ología y cul­tura difer­entes, donde se cree que el acce­so a la salud es un priv­i­le­gio de pocos, no es tan fácil lab­o­rar.

“En India ser mujer y jefa a la vez es duro”, dice Arce, quien tuvo que super­ar muchos obstácu­los, uno de ellos el idioma (tel­ugu), para tratar de cam­biar un poco el con­cep­to.

Comen­ta que su día ini­cia a las 08:00, pero no sabe cuan­do ter­mi­na. Añade que es ago­ta­dor, pero grat­i­f­i­cante a la vez, nun­ca sabe lo que le espera.

Atenciones

Un prome­dio de 45 a 50 pacientes es lo que atiende por día la espe­cial­ista, en su may­oría son casos graves. Los más fre­cuentes son de enfer­medades infec­ciosas como fiebre por dengue, malar­ia, salmonela, diar­rea por cólera, pacientes con VIH o tuber­cu­lo­sis pul­monar.

Además acu­d­en per­sonas con hiperten­sión arte­r­i­al no con­tro­la­da, car­diopatías, infar­tos, dia­betes o con prob­le­mas res­pi­ra­to­rios cróni­cos, aunque tam­bién se encuen­tran con pacientes con pica­duras de ser­pi­entes o escor­pi­ones, ya que en la zona es común encon­trar­los.

Arce detal­la que las enfer­medades se com­pli­can por las creen­cias de la gente en los “reme­dios caseros”. Como es algo que ya tienen arraiga­do en sus famil­ias o como tradi­ción impi­de que se pue­da dar una aten­ción opor­tu­na. Con este tipo de situa­ciones tiene que batal­lar a diario la doc­to­ra.

Otro de los ingre­sos que le pare­cen alar­mantes son los inten­tos de sui­cidio que atiende. Al menos unos 16 a 20 casos le lle­gan al mes por inges­ta de insec­ti­ci­das que se usan en la agri­cul­tura. Son per­sonas entre 16 a 50 años, en su may­oría mujeres que lo hacen por “razones de mal­tra­to físi­co y psi­cológi­co”.

Entre per­son­al médi­co, doc­tores, enfer­meras y tra­ba­jadores sociales for­man un equipo de más de 20 per­sonas, todos pro­fe­sion­ales locales. La for­ma­ción es muy impor­tante para mejo­rar el fun­cionamien­to del hos­pi­tal y fomen­tar el desar­rol­lo san­i­tario.

Experiencia

Ket­ty Arce expli­ca que Urgen­cias es un área muy com­pli­ca­da, porque requiere de mucha respon­s­abil­i­dad para tomar deci­siones tan­to médi­cas como de gestión, ya que no solo se toma en cuen­ta el diag­nós­ti­co de los pacientes, sino tam­bién su situación per­son­al, y se debe coor­di­nar con otros depar­ta­men­tos del hos­pi­tal.

“A veces lo más impor­tante no son las enfer­medades de los pacientes, sino la situación social, famil­iar y económi­ca”, apun­ta.

Estar al frente del depar­ta­men­to de Urgen­cias la ha hecho cre­cer per­son­al y pro­fe­sion­al­mente, se siente orgul­losa de su equipo por el tra­ba­jo que real­izan y el tra­to que brin­dan.

Ase­gu­ra que esta es la mejor expe­ri­en­cia que ha tenido a lo largo de su car­rera. “Aquí eres médi­co de ver­dad. Esto me ha enseña­do a val­o­rar lo que ten­emos y a enten­der más esta cul­tura”. (I)

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