Los médi­cos reflex­io­nan teológi­ca­mente sobre tres con­tribu­ciones cris­tianas dis­tin­ti­vas a las prepara­ciones de COVID-19.

Durante la sem­ana pasa­da, el mun­do ha presta­do toda su aten­ción a la coro­na con espinas de pro­teí­nas de COVID-19. Es raro exper­i­men­tar una inqui­etud glob­al tan exten­di­da, en la que todos nos encon­tramos pen­san­do en lo mis­mo. En cier­to modo, el rui­do de la vida mod­er­na ha sido desplaza­do por lo que C. S. Lewis llamó el “megá­fono de Dios”: el dolor.

Los pacientes están murien­do. La gente tiene miedo. Y nos encon­tramos atra­pa­dos entre el frívola­mente arro­gante (“El coro­n­avirus es solo otra gripe”) y el apre­hen­si­va­mente para­noico (“Esta­mos al bor­de del colap­so financiero”). Después del episo­dio del sába­do del pod­cast “Expe­ri­en­cia ital­iana COVID19”, en el que inten­sivis­tas pediátri­cos esta­dounidens­es y aus­tralianos hablaron fran­ca­mente con espe­cial­is­tas en cuida­dos inten­sivos en las Unidades de Cuida­do Inten­si­vo de Italia, cada una de nues­tras insti­tu­ciones nos está preparan­do para las próx­i­mas sem­anas con una seriedad úni­ca— inclu­so para aque­l­los de nosotros en med­i­c­i­na famil­iar­iza­dos con el sufrim­ien­to, el tri­a­je y la incer­tidum­bre.

Está bien estar temerosos —nosotros lo esta­mos tam­bién. Sin embar­go, como cris­tianos que tra­ba­jamos ya sea den­tro o fuera del espa­cio de aten­ción médi­ca, este es un momen­to en el que nues­tra respues­ta podría dis­tin­guirnos como per­sonas que prac­ti­can lo que algu­na vez fue lla­ma­do por los primeros paganos “una religión para los enfer­mos”.

Con ese fin, quer­e­mos com­par­tir algu­nas de nues­tras expe­ri­en­cias de la pan­demia de COVID-19 como médi­cos y apren­dices res­i­dentes, —y como becar­ios inves­ti­gadores de …

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