Se las volvió a aplicar. La can­celación de la plan­ta cerve­cera de Con­stel­la­tion Brands en Mex­i­cali fue una copia al car­bón del aerop­uer­to de Tex­co­co. Mien­tras los voceros ofi­ciosos de la pres­i­den­cia decían a los empre­sar­ios que no pasa­ba nada, que no se iba a can­ce­lar, que era parte de las for­mas de hac­er políti­ca del pres­i­dente, de repente se con­vo­ca a una con­sul­ta sin ningún cri­te­rio, orga­ni­za­da por mil­i­tantes y no por la autori­dades elec­torales, con cero rep­re­sen­ta­tivi­dad y con base en ello se toma una decisión que todos sabe­mos esta­ba toma­da de ante­mano.

Podemos dis­cu­tir por supuesto el tema del mane­jo del agua y las impli­ca­ciones que tiene otor­gar con­ce­siones de grandes cau­dales a la indus­tria. Ese es un debate que el país ha rehui­do des­de hace décadas. Ten­emos que replantearnos seri­amente la for­ma en que se dis­tribuye el agua en este país y los dere­chos de las comu­nidades a los recur­sos hidráuli­cos. Inde­pen­di­en­te­mente de ello, la for­ma, que sin duda será fes­te­ja­da por los seguidores del pres­i­dente como un tri­un­fo pop­u­lar, tiene impli­ca­ciones muy fuertes en lo económi­co y en lo jurídi­co.

Aun existien­do todos los argu­men­tos ecológi­cos y sociales para can­ce­lar la plan­ta, el argu­men­to jurídi­co no puede ser una con­sul­ta pop­u­lar. Tras la can­celación de la con­struc­ción del aerop­uer­to de Tex­co­co, el pres­i­dente prometió que las con­sul­tas se harían con la ley de par­tic­i­pación ciu­dadana, esto es, con mecan­is­mos jurídi­cos cuyos resul­ta­dos fuer­an vin­cu­lantes. No se hizo así, otra vez volvi­mos a las lla­madas con­sul­tas pati­to, con una difer­en­cia: en esta ocasión el afec­ta­do no es el pro­pio gob­ier­no sino una empre­sa trasna­cional que real­izó una inver­sión den­tro de un mar­co jurídi­co y ampara­do en el Trata­do de Libre Com­er­cio. La mul­ta al gob­ier­no puede ser tres veces el mon­to de la inver­sión. Pero, con todo y que se trataría de una mul­ta del tamaño del pre­supuesto anu­al de Jalis­co o Nue­vo León, el prob­le­ma más grave es la con­fi­an­za.

Pasó casi un año para que la relación con los inver­sion­istas mex­i­canos más o menos se sub­sa­nara. El famoso plan de infraestruc­tura no ter­mi­na de arran­car porque la con­fi­an­za seguía heri­da. Los últi­mos meses López Obrador parecía haber­le dado la vuelta a la pági­na y tenía al Con­se­jo Coor­di­nador Empre­sar­i­al lit­eral­mente comien­do de su mano. Hoy López Obrador rompió de nue­vo los parámet­ros de la relación y lo hizo en el peor momen­to, cuan­do la economía requerirá de may­ores inver­siones. Si alguien sabe a qué jue­ga el pres­i­dente por favor explíque­lo.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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