Ricar­do Ango­ra, psiquia­tra coop­er­ante

Actu­al­iza­do

El psiquia­tra Ricar­do Ango­ra lle­va ms de 25 aos tra­ba­jan­do en cri­sis human­i­tarias. Cuidar la salud men­tal de los afec­ta­dos, sub­raya, es clave para la recu­peracin tras una cat­strofe o un con­flic­to arma­do.


Ricar­do Ango­ra, en el Hos­pi­tal Gre­go­rio Maran de Madrid.
ANTONIO HEREDIA

El ter­re­mo­to de Hait, el tsuna­mi de Indone­sia, las guer­ras de Irak y Afgan­istn, el con­flic­to en Palesti­na, la cri­sis migra­to­ria en el Mediter­rneo… En los lti­mos 25 aos, Ricar­do Ango­ra (Ciu­dad Real, 1959) ha vivi­do de cer­ca algu­nas de las emer­gen­cias human­i­tarias ms graves que han sacu­d­i­do el mun­do. Como coop­er­ante, el obje­ti­vo de este psiquia­tra del Hos­pi­tal Gre­go­rio Maran de Madrid ‑pres­i­dente de Mdi­cos del Mun­do entre 1998 y 2004 y aho­ra, respon­s­able de salud men­tal y apoyo psi­coso­cial en emer­gen­cias de la orga­niacin- es curar las heri­das psi­col­gi­cas, que a veces son mucho ms com­ple­jas y duraderas que las fsi­cas. Pese a todas las trage­dias vivi­das, es opti­mista y cree en la posi­bil­i­dad de un mun­do mejor.

Cul es la situacin que ms le ha impacta­do?
Es dif­cil ele­gir slo una. Creo que una de las cosas que ms me ha mar­ca­do es lo vivi­do en una insti­tucin psiq­ui­tri­ca que haba en Hait. Con el ter­re­mo­to se vino aba­jo la val­la que haba en el cen­tro, en el que vivan unos 200 inter­nos. Les robaron todo lo que ten­an. Cuan­do lleg­amos no slo es que nece­si­taran atencin san­i­taria, es que no ten­an ni para com­er. Esa situacin me impre­sion bas­tante. Pero he vis­to la dureza de la vida en muchos esce­nar­ios.
A qu prob­le­mas de salud men­tal se enfrenta?
Des­pus de una gran cat­strofe o en zonas de con­flic­to, las necesi­dades de atencin son muy altas. En los primeros momen­tos, en torno al 90% de la poblacin exper­i­men­ta reac­ciones como temor, descon­trol emo­cional o sen­sacin de prdi­da de vida inmi­nente. Hay un 40% que va ms all y sufre reac­ciones de estrs agu­do o un due­lo impor­tante porque, por ejem­p­lo ha per­di­do a un famil­iar. Y final­mente, en torno al 20% de los afec­ta­dos desar­rol­lan un trastorno men­tal comn, como ansiedad, depresin, estrs pos­traumti­co o un trastorno de la ali­mentacin. Pero no slo nos encon­tramos con prob­le­mas men­tales deriva­dos de la emer­gen­cia. Tam­bin hay muchas per­sonas que ya ten­an un trastorno men­tal pre­vio que se agra­va por lo vivi­do.
Hay ms ries­go de sui­cidio?
Vemos ten­ta­ti­vas autolti­cas y tam­bin sui­cidios con­suma­dos, porque hay gente que no es capaz de hac­er frente a lo que le ha suce­di­do. Esto lo he vis­to en la Fran­ja de Gaza. Per­sonas de medi­ana edad que se han gas­ta­do todo su dinero en ten­er un aparta­men­to en ese ter­ri­to­rio lim­i­ta­do y que lo pier­den todo por un bom­bardeo. No quieren ser una car­ga para los famil­iares. Esas per­sonas son muy vul­ner­a­bles.
Las heri­das psi­col­gi­cas son peo­res que las fsi­cas?
Las reac­ciones psi­col­gi­cas como el temor o el estrs sue­len ser tran­si­to­rias para la may­o­ra; duran unas sem­anas. Pero si la per­sona ya ha desar­rol­la­do un estrs pos­traumti­co, por ejem­p­lo, no es fcil lograr que vuel­va a recu­per­arse. Por eso es muy impor­tante hac­er una inter­vencin pre­coz en las emer­gen­cias. De una heri­da fsi­ca, si se tra­ta ade­cuada­mente, una per­sona se recu­pera antes que de un trastorno de salud men­tal.
El primer momen­to puede ser clave?
Estuve en Les­bos, en el cam­po de Moria, tres meses en 2015. En ese tiem­po lle­garon unos 250.000 refu­gia­dos. Haba muchos vol­un­tar­ios pre­stando ayu­da. Esper­a­ban en la playa, con man­tas y un cal­do o un caf caliente a los que lle­ga­ban. Ese tipo de acogi­da hizo que se redu­jer­an much­si­mo los nive­les de ansiedad de aque­l­las per­sonas que lle­ga­ban des­pus de una trav­esa muy dif­cil, sin cono­cer el idioma y sin saber qu iba a pasar.
Es la atencin a la salud men­tal la her­mana pobre de la asis­ten­cia human­i­taria?
Hace 20 aos, s. Pero las lec­ciones apren­di­das han dado lugar a que se haya recono­ci­do que estos prob­le­mas son muy impor­tantes y que la recu­peracin de las estruc­turas sociales de la comu­nidad depen­den mucho de la salud men­tal. Ruan­da y el con­flic­to de los Bal­canes mar­caron un antes y un des­pus.
Cues­ta cam­biar el chip al volver y ver prob­le­mas del primer mun­do?
S. Cues­ta bas­tante porque el con­tex­to no tiene nada que ver. En una cri­sis human­i­taria tra­ba­jas en esce­nar­ios en los que hay una fal­ta total de recur­sos; tienes que impro­vis­ar, ser muy cre­ati­vo. Aqu, todo est orga­ni­za­do y las insti­tu­ciones fun­cio­nan. Pero los prob­le­mas de salud men­tal exis­ten en todas partes. No se pueden com­parar. Cada uno vive adap­ta­do a la situacin en la que se encuen­tra. Y el gra­do de sufrim­ien­to que pueden ten­er dos per­sonas que viv­en en con­tex­tos dis­tin­tos puede ser el mis­mo.
Cmo ve el mun­do? Es opti­mista?
Soy opti­mista en el sen­ti­do de que creo en el desar­rol­lo de la civ­i­lizacin. Los humanos cada vez somos ms civ­i­liza­dos; ms humanos. Ten­emos may­or capaci­dad de resolver los con­flic­tos a travs del dil­o­go. La vio­len­cia y la guer­ra no se van a solu­cionar ni en un ao, ni en dos ni en 50. Pero creo que el ser humano va a ser capaz de con­seguir resolver sus difer­en­cias a travs de vas pac­fi­cas.
Cul es la peor cri­sis human­i­taria que existe?
La cri­sis human­i­taria en Siria es impor­tante. Hay en torno a siete mil­lones de desplaza­dos. Pero la cri­sis en Yemen casi es peor, y no ha recibido tan­to el foco de atencin inter­na­cional. Tam­bin Con­go vive una situacin com­pli­ca­da. Y, por otro lado, hay que ten­er en cuen­ta la cri­sis human­i­taria de Venezuela, con un xodo que aho­ra mis­mo es de tres mil­lones de per­sonas.
Cree que la sociedad est adorme­ci­da y no responde a estas cri­sis?
No creo que la sociedad est adorme­ci­da. Creo que quienes tienen que tomar las deci­siones no lo hacen por fal­ta de vol­un­tad polti­ca. Naciones Unidas conoce per­fec­ta­mente lo que ocurre en estos esce­nar­ios y cules son las necesi­dades, pero el sis­tema de Naciones Unidas no puede hac­er nada por s solo si no es ali­men­ta­do por el resto de esta­dos. Hay una fal­ta de vol­un­tad polti­ca a niv­el inter­na­cional para resolver estos con­flic­tos y guer­ras. Las grandes poten­cias tienen intere­ses geoes­trat­gi­cos y polti­cos que hacen que no se resuel­van. Y el resto de pas­es tam­bin es respon­s­able de que esto suce­da.

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