La Liga Atlán­ti­ca, un cir­cuito inde­pen­di­ente de siete equipos de la cos­ta este de Esta­dos Unidos y uno de Texas, se ha con­ver­tido en la primera del béis­bol pro­fe­sion­al del país en per­mi­tir un arbi­tra­je en el que inter­vienen los robots. A pesar de que el sis­tema que se uti­liza es bas­tante com­ple­jo, en caso de duda o con­flic­to, la últi­ma pal­abra la tienen las per­sonas. Ese fac­tor, por aho­ra, ha tran­quil­iza­do rel­a­ti­va­mente a los actores vin­cu­la­dos a este deporte, el segun­do más pop­u­lar en la nación, sólo por detrás del fút­bol amer­i­cano.

Así, ni los jugadores ni los entre­nadores ni los afi­ciona­dos han nota­do una gran difer­en­cia entre la fór­mu­la ante­ri­or y la actu­al. De hecho, tras el primer par­tido en el que se ensayó este sis­tema, el pres­i­dente de la Liga, Rick White, brome­a­ba: “¡Hay que ver lo bien que han esta­do estos robots! Se pare­cen a los árbi­tros reales”. Y sí, tienen el aspec­to de seres de carne y hue­so porque lo son… Los dis­pos­i­tivos tec­nológi­cos, que van más allá del VAR que se emplea en el fút­bol, per­manecen ocul­tos.











data-youtube-vid>

Una empre­sa espe­cial­iza­da en análi­sis de datos deportivos, Track­Man, creó el pro­gra­ma infor­máti­co en cuestión, que fue per­fec­ciona­do casi en secre­to, sin hac­er rui­do. En bue­na medi­da, la dis­cre­ción ha servi­do para evi­tar la polémi­ca de alcance mundi­al que se desató cuan­do empezó a apli­carse el VAR, que se exac­er­bó en el momen­to en que lle­garon los primeros errores deriva­dos del vídeoar­bi­tra­je. La prue­ba for­ma parte de un acuer­do de tres años con las Grandes lig­as de béis­bol (MLB, por sus siglas en inglés), que se han com­pro­meti­do a insta­lar más soft­wares para el análi­sis avan­za­do de las jugadas y los deportis­tas.

En el pro­ced­imien­to de la Liga Atlán­ti­ca, los jue­ces usan un auric­u­lar enlaza­do por Blue­tooth a un telé­fono inteligente, en con­cre­to, a un iPhone, que, a su vez, está conec­ta­do al soft­ware especí­fi­ca­mente dis­eña­do para esta fun­ción. El pro­gra­ma, al que lla­man “robot” en este cir­cuito, no inter­viene en todo momen­to. Solo se acti­va en deter­mi­nadas jugadas: inter­pre­ta trayec­to­rias y can­ta “bolas” y “strikes”. Como cabe la posi­bil­i­dad de que se equiv­oque en su dic­ta­men, quien man­da es el cole­gia­do.



data-youtube-vid>





El día de su estreno, Rick White se mostra­ba con­fi­a­do en el éxi­to de esta solu­ción: “Cuan­do la gente entien­da lo que real­mente está suce­di­en­do, se dará cuen­ta de que esta novedad no supone ningún prob­le­ma”. Las expec­ta­ti­vas sobre este soft­ware son cada vez más ele­vadas. Tan­to es así que, para el segun­da base de los Long Island Ducks (Cen­tral Islip, Nue­va York) L. J. Mazz­il­li, que ya ha exper­i­men­ta­do esta tec­nología, “ten­dría que ser una cien­cia exac­ta”. El árbi­tro Derek Moc­cia comenta­ba en este aspec­to: “Esto se veía venir”.

El plan de la MLB, que con­tem­pla inclu­so cam­bios en las reglas, ha empeza­do a desple­garse con acier­to. Los jugadores y los téc­ni­cos están a favor del robot porque, a su enten­der, puede acabar con décadas de dis­cu­siones por bolas y strikes. La mis­ma opinión han expre­sa­do los árbi­tros, que con­sid­er­an que su tra­ba­jo en el pre­sente es más mecáni­co, pero tam­bién más jus­to. Uno de ellos, Calvin Bak­er, lo resumía grá­fi­ca­mente al decir: “Esta her­ramien­ta me va a ayu­dar”.



data-youtube-vid>





Fuente