No, no se tra­ta de una pre­gun­ta con tru­co, ni de una bro­ma. Es una cuestión rel­e­vante en las con­sul­tas rel­a­ti­vas al cuida­do de la espal­da y, si la respues­ta es neg­a­ti­va, quizás deberías plantearte la opción de some­terte a un chequeo médi­co.

Aunque parez­ca un hecho bal­adí, la acción de poder agacharse a realizar una activi­dad tan sen­cil­la como ésta puede resolver muchas dudas rel­e­vantes sobre el esta­do de nues­tra flex­i­bil­i­dad, movil­i­dad, coor­di­nación y fuerza. Es más, inclu­so podría desve­lar algún prob­le­ma en relación a nues­tras habil­i­dades cog­ni­ti­vas.

En la may­oría de los casos (los menos pre­ocu­pantes), las per­sonas que pre­sen­tan difi­cul­tades para agacharse pueden pade­cer lum­bal­gia, una de las epi­demias glob­ales más exten­di­das y uno de los prin­ci­pales motivos de baja lab­o­ral en la actu­al­i­dad.

Esta patología se iden­ti­fi­ca como el dolor de espal­da en gen­er­al, pero el tér­mi­no se apli­ca a las moles­tias focal­izadas en la zona baja, donde se encuen­tran las vér­te­bras lum­bares. Este dolor suele ten­er ori­gen mecáni­co y puede estar aso­ci­a­do a tra­ba­jos en los que se lev­an­ta mucho peso y, además, en movimien­to.

La temi­da ciáti­ca puede estar tam­bién en el ori­gen de este prob­le­ma, puesto que se tra­ta de un pin­za­mien­to del nervio ciáti­co, que provo­ca un dolor muy inten­so en la parte infe­ri­or de la espal­da, que baja por el glú­teo has­ta la parte pos­te­ri­or del mus­lo.

Las her­nias de dis­co, por últi­mo, y por lo que respec­ta al dolor , puede ser el ori­gen de que nos cueste, o sim­ple­mente de que no podamos agacharnos a abrocharnos los cor­dones.

VÉRTIGO

Pero la causa de esta lim­itación físi­ca puede estar tam­bién en el oído, epi­cen­tro de los lla­ma­dos vér­ti­gos pos­tu­rales benig­nos. Orig­i­na­dos en la parte inter­na de este órgano, se pro­ducen por los cam­bios oca­sion­a­dos en el líqui­do que cir­cu­la por los lla­ma­dos canales semi­cir­cu­lares.

En el oído inter­no está la clave del equi­lib­rio, por lo que si ten­emos prob­le­mas, el agacharnos nos pro­ducirá una sen­sación de mareo y de que todo da vueltas a nue­stro alrede­dor.

Más evi­dentes pueden ser los efec­tos que provo­can enfer­medades autoin­munes , como la artri­tis reuma­toide, que se detec­ta en una analíti­ca y que suele pro­ducirnos infla­mación y moles­tias (en este caso, en las manos, que nos impi­den realizar las tar­eas bási­cas cotid­i­anas).

Aunque a veces se con­funde con la artri­tis, la artro­sis aparece como con­se­cuen­cia del des­gaste pro­pio de una edad avan­za­da. Si la pade­ce­mos en caderas y rodil­las, la flex­i­bil­i­dad y la movil­i­dad se com­pli­can, por lo que resul­ta muy impor­tante detec­tar­la a tiem­po.

El ‘desapren­der’ ” acciones sen­cil­las como la que nos ocu­pa puede escon­der un trastorno neu­rológi­co. De pron­to, olvi­damos una secuen­cia de acciones que con­sis­ten en agacharnos, realizar cier­to tipo de lazadas y apre­tar. Tras esta situación pueden encon­trarse enfer­medades como el Alze­himer, por lo que, en este caso, se con­ver­tiría en un sín­toma alar­mante.

Por últi­mo, hay que hablar de esa bar­ri­gu­i­ta que car­iñosa­mente sole­mos lla­mar cerve­cera, pero que, si nos impi­de abrocharnos los cor­dones de nue­stros zap­atos con nor­mal­i­dad, deberíamos tomarnos más en serio. La obesi­dad ha pasa­do a for­mar parte de los grandes indi­cadores neg­a­tivos en Salud y, el vol­u­men abdom­i­nal, está rela­ciona­do con el cáncer y los acci­dentes car­dio­vas­cu­lares.

No es cuestión de alar­marse, sino de pre­venir. Ya sabes, haz la prue­ba .

ATA POURAMINI es direc­tor de Quiro­prac­tic Valen­cia y autor, entre otros libros, de ‘Escuela de la Espal­da’ y ‘Tú eres tu med­i­c­i­na’.

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