Muchas estafas se inten­tan a través del telé­fono.
GTRES

Pieter Gun­st es un empre­sario que esta sem­ana ha rev­e­la­do en Twit­ter cómo fue víc­ti­ma de un inten­to de phish­ing (estafa en Inter­net para acced­er a los datos ban­car­ios de una per­sona) de tal sofisti­cación que estu­vo a pun­to de picar.

Gun­st recibió una lla­ma­da dicien­do que era su ban­co y que alguien había inten­ta­do usar su tar­je­ta en Mia­mi. El supuesto emplea­do del ban­co decía que habían blo­quea­do la transac­ción. Para com­pro­bar que era Pieter Gun­st, le pidieron su número de miem­bro, que no es una clave pri­va­da, así que Gun­st se la dio.

El emplea­do le dijo que le habían envi­a­do un pin de ver­i­fi­cación por SMS y en efec­to, Gun­st lo recibió y lo leyó en voz alta. El estafador empezó a leer transac­ciones recientes de la tar­je­ta y el empre­sario con­fir­mó que eran suyas. Fue entonces cuan­do el estafador dijo que querían “blo­quear el pin de su cuen­ta para que reci­ba una aler­ta de fraude cuan­do se vuel­va a usar”.

Gun­st reac­cionó y dijo que no iba a dar­le el pin. El estafador respondió que no podrían blo­quear su tar­je­ta.

El empre­sario col­gó y llamó a su ban­co. El delin­cuente había usa­do el número de miem­bro que la víc­ti­ma le había dado para restable­cer su con­traseña en la web del ban­co, lo que gen­eró un número de ver­i­fi­cación que recibió Gun­st en su móvil, dan­do cred­i­bil­i­dad a la estafa.

Gra­cias a este dato, el estafador tuvo acce­so a la cuen­ta ban­car­ia, por lo que pudo leer las transac­ciones reales, pero nece­sita­ba el pin para reti­rar dinero y eso fue lo que final­mente no pudo con­seguir. Por regla gen­er­al, los emplea­d­os de ban­ca nun­ca piden la clave pri­va­da.

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