Pinel libr a los locos de sus cade­nas pero llen las crce­les de locos y el Sena de cad­veres. Es lo que suele pasar cuan­do una insti­tucin se cier­ra sin haber con­stru­i­do a cam­bio otra cosa que le diere cober­tu­ra. En Espaa pas algo as: en los aos 70 se llev a cabo la ‘Refor­ma psiq­ui­tri­ca’ que reuni a muchos pro­fe­sion­ales en un con­sen­so uni­ver­sal: los man­i­comios eran insti­tu­ciones a liq­uidar por alien­antes, total­i­tarias, inefi­caces e incom­pat­i­bles con una con­cepcin mod­er­na de la salud men­tal. Adems de todo eso ‑lo que las inval­id­a­ba polti­ca­mente- eran adems gen­er­ado­ras de patolo­gas por si mis­mas como demostr Erv­ing Goff­man en aquel libro de cul­to tit­u­la­do Inter­na­dos donde anal­iz­a­ba las con­se­cuen­cias del encier­ro man­i­co­mi­al; des­de entonces todo el mun­do estu­vo de acuer­do en super­ar el par­a­dig­ma tute­lar y susti­tuir­lo por el tratamien­to de las patolo­gas agu­das y reha­bil­itacin de la croni­ci­dad.

Pero una vez des­man­te­la­dos los man­i­comios qu les susti­tuira? La may­or parte de los pro­fe­sion­ales de los 70 esta­ban ms empea­d­os en el cierre de aque­l­las insti­tu­ciones sinies­tras que en pen­sar la asis­ten­cia de los pacientes que de all salier­an, pero se lleg a un con­sen­so: Se abri­ran unidades para agu­dos en todos los hos­pi­tales gen­erales y se abri­ran unidades de salud men­tal dis­per­sas en el ter­ri­to­rio en ambu­la­to­rios o cen­tros de salud. La idea era abrir una unidad de salud men­tal (USM) cada 60.000 habi­tantes y con un equipo mul­ti­dis­ci­pli­nar para su atencin: dos psiquia­tras, dos psi­cl­o­gos, una asis­ten­ta social, una enfer­mero y un admin­is­tra­ti­vo.

Trein­ta aos des­pus de aque­l­la refor­ma, lo cier­to es que no se cumpli ms que la mitad: las plan­til­las nun­ca se com­ple­taron y no todos los hos­pi­tales dispo­nen de atencin psiq­ui­tri­ca, pero lo peor es la dis­tribucin het­erognea de los recur­sos a niv­el de todo el Esta­do, cier­tas provin­cias quedaron despro­vis­tas de lo esen­cial, mien­tras otras ten­an fuertes super­vits como el Pas Vas­co y Catalua.

Dicho de otra man­era, la situacin al lle­gar la cri­sis de 2008 no era la que se haba pre­vis­to y haban surgi­do adems prob­le­mas nuevos que aten­der: la patolo­ga dual, los TA (trastornos ali­men­ta­r­ios), la psiquia­tra infan­til, la vio­len­cia de pare­ja o la inter­sec­cin entre dro­ga y crimen lle­varon a hac­er plau­si­ble la idea que pre­side este post: el cierre o dis­min­ucin de dis­pos­i­tivos asis­ten­ciales con­ll­e­va un incre­men­to de con­duc­tas que de una man­era u otra aca­ban en la crcel. Hoy cono­ce­mos bas­tante bien el numero de casos psiq­ui­tri­cos que ten­emos en cen­tros pen­i­ten­cia­r­ios gra­cias a una tesis doc­tor­al de Fran­cis­co Arnau, de nue­stro Hos­pi­tal Provin­cial. El numero de casos es estreme­ce­dor o dicho de otra for­ma: hay ms enfer­mos men­tales en las crce­les que en los dis­pos­i­tivos asis­ten­ciales comunes. Y adems no reciben asis­ten­cia.

Algo pare­ci­do pasa con la atencin infan­to-juve­nil, se tra­ta de un prob­le­ma nue­vo desa­ten­di­do con mejor suerte para Castelln que tiene un pro­gra­ma de patolo­ga de infan­cia y ado­les­cen­cia fun­cio­nan­do des­de hace 7 aos. Lo cier­to es que pocas cap­i­tales espao­las de la poblacin de Castelln dispo­nen de l. Dicho de otro modo el plan que se ide en los 70 no ha tenido una revisin a niv­el de Esta­do, tam­poco ha ido acom­paa­da de una finan­ciacin final­ista (como si suce­di con el plan de trasplantes) y por eso la het­ero­genei­dad y la pre­cariedad de recur­sos ha sido la nor­ma.

En los 70–80 yo esta­ba en con­tra de la refor­ma que se nos vena enci­ma, pues enten­da que se trata­ba de un brindis al sol y que nun­ca lle­garamos al despliegue com­ple­to del plan que adems com­pren­da Hos­pi­tales de da, alber­gues (camas no asis­ten­ciales) y dis­pos­i­tivos e medio camino. Yo descon­fi­a­ba de un plan que no vena acom­paa­do de finan­ciacin e inclu­so recuer­do que dije (ya no se dnde) que no hay que con­fi­ar en los polti­cos, porque aunque los man­i­comios son imp­re­senta­bles, son muy baratos.

Y tena razn pues aho­ra lo que esta­mos vien­do es una desamor­ti­zacin de la sanidad pub­li­ca y no slo de la psiquia­tra. El dis­cur­so es siem­pre de apoyo a la salud men­tal, los recur­sos prometi­dos siem­pre cero. Tan hipcri­ta es el dis­cur­so de los polti­cos que pre­tenden lle­var a cabo planes de pre­vencin del sui­cidio adel­gazan­do cada vez ms las plan­til­las de fac­ul­ta­tivos y enfer­meros. Algo com­ple­ta­mente parad­ji­co.

Bajas que no se cubren, jubi­la­ciones oblig­a­to­rias que tam­poco se cubren, cierre de camas (en el Hos­pi­tal Provin­cial ten­emos 4 camas menos en agu­dos), destruc­cin de equipos e interinidades con­tin­uas, plazas que nun­ca salen a oposicin y cuan­do salen lo hacen des­pus de var­ios aos de espera, entornos cati­cos y sucios, techos que se caen, ratas, etc. Una situacin que no afec­ta slo a la salud men­tal sino tam­bin a la atencin pri­maria y urgen­cias, prob­a­ble­mente el rea ms degrada­da en los lti­mos 5 aos y de la que la salud men­tal depende ms estrechamente. La salud men­tal de los ciu­dadanos de un pas depende sobre todo de la atencin mdi­ca gen­er­al, y sin una bue­na y dimen­sion­a­da atencin pri­maria es imposi­ble implan­tar ningn pro­gra­ma como el de la pre­vencin del sui­cidio, algo que a los polti­cos les pre­ocu­pa.

Les pre­ocu­pa polti­ca­mente hablan­do, claro, es algo que vende muy bien en los medios, otra cosa es que esos polti­cos sep­an que la tasa de sui­cidios en Espaa es de unos 10/100.000 habitantes/ ao y que no hay prue­bas de que est aumen­tan­do aunque es prob­a­ble que exista un cor­rim­ien­to de edad en los sui­cidios con­suma­dos. Dicho de otra for­ma es posi­ble que hoy se sui­ci­den ms jvenes que antao. Pero sigue resul­tan­do dif­cil cmo imple­men­tar un plan con menos per­son­al. Y es que lo peor que le puede pasar a una per­sona es no ten­er la sufi­ciente for­ma­cin para el car­go que osten­ta. Pero no seamos ingen­u­os, no es solo un prob­le­ma de igno­ran­cia es sobre todo un plan ocul­to de pri­va­ti­zacin.

No es raro que en los lti­mos aos se haya mul­ti­pli­ca­do por tres el nego­cio de la med­i­c­i­na pri­va­da y que la gente haya cor­ri­do a hac­erse una pliza para ase­gu­rarse un pedi­atra (con la mis­ma cara) para sus hijos, el ginecl­o­go para los par­tos o las pequeas inter­ven­ciones o explo­raciones, curiosa­mente las lis­tas de espera en la sanidad pri­va­da casi no exis­ten. Es de destacar que la sanidad pub­li­ca tiene (des­pus de todas las dia­tribas) concier­to con la pri­va­da para res­o­nan­cias mag­n­ti­cas sobre todo, por no nom­brar la oncolo­ga, la reina de las espe­cial­i­dades mdi­cas y que mantiene sus vncu­los con cen­tros pri­va­dos a pesar de todas las procla­mas de pren­sa. Es obvio: se dice una cosa y se hace otra. Por ms que digan que apues­tan por la sanidad pub­li­ca (eso lo dicen todos), lo cier­to es que todos estn en el ajo de pri­va­ti­zar aque­l­lo que sea nego­cio. Pero sin acep­tar­lo en pbli­co.

La salud men­tal no es nego­cio, es un gas­to incom­pa­ra­ble con el oncol­gi­co por ejem­p­lo, el may­or gas­to es el de per­son­al pues la salud men­tal es sobre todo gente y no tan­to maquinas o grandes espa­cios pero la tentacin de volver al man­i­comio, sobre­vuela hoy con ms inten­si­dad que en los 70 y no ten­go ningu­na duda de que a alguien se le ocur­rir pron­to la idea de expul­sar a los pacientes psiq­ui­tri­cos de los hos­pi­tales y abrir nuevos depar­ta­men­tos para algn capri­cho polti­co.

Fran­cis­co Traver es ex direc­tor de Salud Men­tal del Hos­pi­tal Provin­cial de Castelln

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