El empleo de los smart­phone afec­ta a la autoes­ti­ma, el esta­do anmi­co y la per­cepcin que tienes de ti mis­mo.

Las mejores mentes de nues­tra gen­eracin tra­ba­jan en las grandes empre­sas de Sil­li­con Val­ley bus­can­do las for­mu­las para man­ten­er­nos ms engan­cha­dos a la tec­nolo­ga y durante ms tiem­po. Esa es la clave de la lla­ma­da econo­ma de la atencin en la que reside una parte impor­tante del nego­cio de empre­sas como Face­book. Sin embar­go, dichos esfuer­zos para jugar y manip­u­lar nues­tra atencin ejercen un efec­to neg­a­ti­vo en nue­stro cere­bro.

Hechos triv­iales rela­ciona­dos con el mane­jo de la tec­nolo­ga, como la can­ti­dad de bat­era que nos que­da en el tel­fono, le jue­gan malas pasadas a nues­tra mente e, inclu­so, lle­gan a provo­car ansiedad y a afec­tar a nue­stro esta­do de nimo, segn ha demostra­do un estu­dio pub­li­ca­do en la City Uni­ver­si­ty of Lon­don.

Cuan­do la bat­era baja del 30% “ya no me lo paso bien”, seala una de las par­tic­i­pantes en el estu­dio. Otra com­pa­ra­ba el hecho de que se acabe la bat­era con el hecho de que se te vace la baara en un da de invier­no: “Te con­ge­las y te sientes desnudo y con fro”. Por otro lado, el estu­dio mues­tra como, en el caso opuesto, cuan­do la bat­era del tel­fono se encuen­tra a tope, los suje­tos del estu­dio exper­i­menta­ban una sen­sacin de eur­fo­ria hacin­doles “sen­tir pos­i­tivos con la con­fi­an­za de que podran ir a cualquier sitio y hac­er cualquier cosa”.

El caso de la bat­era es sim­ple­mente un ejem­p­lo que apun­ta como la tec­nolo­ga afec­ta al esta­do de nimo de las per­sonas y a su autop­er­cepcin.

La per­cepcin que ten­emos de nosotros mis­mos es frgil y muta­ble. As lo demues­tra un estu­dio real­iza­do por la Ohio State Uni­ver­si­ty en el que estu­di­a­ban la influ­en­cia de los anun­cios per­son­al­iza­dos que recibi­mos en las redes sociales sobre la ima­gen que una per­sona tiene de s mis­ma.

Esta inves­ti­gacin demues­tra que cuan­do los usuar­ios son con­scientes de estar vien­do anun­cios per­son­al­iza­dos, la ima­gen que tienen sobre si mis­mo se ve influ­en­ci­a­da.

“Los con­sum­i­dores que saban que esta­ba vien­do anun­cios per­son­al­iza­dos se mostra­ban ms intere­sa­dos en los pro­duc­tos anun­ci­a­dos e inclu­so cam­bi­a­ban la per­cepcin que ten­an sobre s mis­mos para alin­earse con los anun­cios”, expli­ca el estu­dio.

Un efec­to del que sin embar­go, avisan que es nece­sario que la mar­ca y el anun­cio se encuen­tren en cier­to modo alien­ados con los val­ores y el com­por­tamien­to del con­sum­i­dor, que el “tar­get de la mar­ca sea de algn modo acer­ta­do”, inci­den.

Durante la inves­ti­gacin, los acad­mi­cos con­sigu­ieron iden­ti­ficar nichos, como el de los pro­duc­tos rela­ciona­dos con la ecolo­ga, en el que los cam­bios de per­cepcin se hacan ms evi­dentes. “El hecho de recibir anun­cios per­son­al­iza­dos sobre pro­duc­tos verdes haca sen­tir a los con­sum­i­dores que ten­an una may­or con­cien­cia ecol­gi­ca del cara al con­sumo”, expli­ca.

Una manip­u­lacin no solo aplic­a­ble al ter­reno del mark­t­ing com­er­cial, sino que tam­bin tiene una traslacin al mbito polti­co.

Ms all de los con­tenidos inyec­ta­dos por mar­cas en las redes sociales, el mero hecho de visu­alizar con­tenido orgni­co en las redes sociales ‑aquel que cuel­gan los usuar­ios motu pro­pio aunque pos­te­ri­or­mente sea un algo­rit­mo pro­gra­ma­do por los tcni­cos de la red social quien lo haya jer­ar­quiza­do y deci­di­do cun­do y a quin se mues­tra- tam­bin puede provo­car tris­teza y pen­samien­tos depre­sivos entre quienes lo han con­sum­i­do.

“Si ves en Face­book lo bien que le va econ­mi­ca­mente a un cono­ci­do o que feliz es algn viejo ami­go en una relacin ‑cues­tiones que gen­er­an envidia entre los humanos- el uso de la platafor­ma puede con­ducir a sen­timien­tos depre­sivos. Hemos des­cu­bier­to que los usuar­ios de Face­book siente envidia de las activi­dades y el esti­lo de vida de sus ami­gos en la red social y tienen muchas ms posi­bil­i­dades de man­i­fes­tar sen­timien­tos de depresin”, ase­gu­ra un estu­dio de la Uni­ver­si­ty of Mis­souri.

Sin embar­go, estos son solo algunos de los ejem­p­los de los efec­tos colat­erales que la econo­ma de la atencin de las platafor­mas y las redes sociales tienen en el cere­bro humano y en la que los con­sum­i­dores y el tiem­po que pasan engan­cha­dos (miramos entre 80 y 100 veces el mvil al da) son la mate­ria pri­ma con la que ganan dinero.

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