Hubo un tiem­po en que Gran Her­mano apunt­a­ba man­eras de exper­i­men­to soci­ológi­co has­ta el pun­to de con­tar con un filó­so­fo como Gus­ta­vo Bueno para analizar lo que se cocía en la casa de Guadal­ix de la Sier­ra. Aque­l­lo hace mucho que pasó a mejor vida. El mod­e­lo tele­vi­si­vo de la Medi­aset de Don Pao­lo (Vasile) es como la fábu­la del escor­pión y la rana: resul­ta inevitable que acabe dan­do un pico­ta­zo.

Gran Her­mano es otro pro­duc­to más de esa fac­toría que retroal­i­men­ta su pro­gra­mación con con­tenidos sali­dos del cubo de la basura, rescata­dos del ‘frik­ismo’ tele­vi­si­vo y de los restos del naufra­gio del famoseo patrio de segun­da region­al. Todo ello adoba­do con cadáveres no tan exquis­i­tos como el de Isabel Pan­to­ja.

¿Y por qué todo esto? Más que nada porque la sem­ana pasa­da una con­cur­sante de la edi­ción Rev­o­lu­tion (qué ironía, hablar de rev­olu­ción en ese Grupo) rompió su silen­cio para nar­rar el cal­vario que lle­va pasan­do des­de que hace dos años fue pre­sun­ta­mente vio­la­da en el pro­gra­ma.

Prob­a­ble­mente en otros país­es las acusa­ciones de Car­lota Pra­do habrían servi­do, como mín­i­mo, para que la Fis­calía actu­ase de ofi­cio con­tra el pre­sun­to vio­lador y los respon­s­ables del pro­gra­ma. Ya no dec­i­mos con­tra los de Medi­aset, que, repeti­mos, en otro país hubier­an sido los primeros en tomar las medi­das per­ti­nentes. Aquí, sin embar­go, sucedió todo lo con­trario.

Según Pra­do, los respon­s­ables de GH Rev­o­lu­tion fomen­taron el con­sumo de alco­hol y actu­aron de for­ma, cuan­to menos, dudosa tras los hechos. Lo habit­u­al, por otra parte, en una Casa que fab­ri­ca carne pic­a­da a tan­to el kilo de colab­o­rador. Lo que sí ten­drían que expli­carnos es el porqué del mis­te­rioso silen­cio de los colec­tivos fem­i­nistas con estas acusa­ciones. ¿Por qué unos sí y otros no? ¿Qué difer­en­cia unas acusa­ciones sobre Plá­ci­do Domin­go de un asun­to como el de Car­lota Pra­do, judi­cial­iza­do en la Audi­en­cia Provin­cial de Madrid? ¿Dónde están los “her­mana, yo sí te creo”, los “tocan a una, nos tocan a todas” y otros esló­ganes? ¿Dónde las camise­tas y las pan­car­tas moradas?

¡Silen­cio, se vio­la!

pedro apari­cio pérez
edi­tor de prnoticias.com
peri­odis­tO

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