Por Andrew Jacobs

¿Beber mucha gaseosa dietéti­ca lle­va a una muerte tem­prana?

Los adep­tos a la Coca-Cola Sin Azú­car y a la Pep­si de dieta expre­saron su angus­tia en los últi­mos días después de reportes noti­ciosos sobre un nue­vo estu­dio, según el cual quienes toman fre­cuente­mente esas bebidas edul­co­radas arti­fi­cial­mente tienen una prob­a­bil­i­dad 26 por cien­to may­or de morir pre­mat­u­ra­mente que las per­sonas que rara vez beben gaseosas sin azú­car.

El estu­dio, pub­li­ca­do en la revista JAMAL Inter­nal Med­i­cine, dio seguimien­to a 450.000 europeos a lo largo de dieciséis años con un reg­istro de la mor­tan­dad entre todo tipo de con­sum­i­dores de gaseosa, tan­to los que pre­fieren bebidas azu­caradas como aque­l­los que gus­tan de las ver­siones con susti­tu­tos de azú­car.

Dados los con­s­abidos efec­tos de con­sumir demasi­a­da azú­car, no sor­prendió que los autores encon­traran que la posi­bil­i­dad de morir joven era 8 por cien­to may­or para la gente que bebía dos o más vasos de bebidas azu­caradas al día en com­para­ción con las per­sonas que con­sumían menos de un vaso al mes.

Sin embar­go, el tema que aca­paró la aten­ción y que creó un nervio­sis­mo gen­er­al­iza­do fue la insin­uación de que beber Coca-Cola de dieta podría ser aún más mortífero que ingerir la ver­sión clási­ca.

“Si ponemos en con­tex­to nue­stros resul­ta­dos con otros estu­dios pub­li­ca­dos, quizá sería pru­dente reducir el con­sumo de todas las gaseosas y rem­plazarlas con alter­na­ti­vas más salud­ables, como el agua”, sos­tu­vo Amy Mullee, nutriólo­ga en Uni­ver­si­ty Col­lege Dublin y una de cin­cuen­ta inves­ti­gadores que tra­ba­jaron en el estu­dio, uno de los más grandes de su tipo que se han lle­va­do a cabo has­ta la fecha.

El estu­dio no fue algo úni­co. Durante el últi­mo año, otras inves­ti­ga­ciones en Esta­dos Unidos han encon­tra­do una cor­relación entre las bebidas con edul­co­rantes arti­fi­ciales y la muerte pre­matu­ra.

El prob­le­ma, sostienen los exper­tos, es que estos y otros estu­dios no han logra­do respon­der una pre­gun­ta esen­cial: ¿Con­sumir bebidas endulzadas con aspar­tame o saca­ri­na daña tu salud o sucede que la gente que bebe mucho Snap­ple de dieta o Sprite sin azú­car en gen­er­al ya lle­va un esti­lo de vida menos salud­able?

Algunos nutriól­o­gos, epi­demiól­o­gos y cien­tí­fi­cos del com­por­tamien­to creen que supon­er lo segun­do es lo más acer­ta­do.

“Podría ser que la gente que bebe gaseosas dietéti­cas tam­bién come mucho toci­no o quizá es porque hay gente que racional­iza su esti­lo de vida insano: ‘Si ya me tomé una soda de dieta, puedo com­erme unas papas a la france­sa’”, dijo Vas­an­ti S. Malik, inves­ti­gado­ra de la Escuela de Salud Públi­ca T. H. Chan de Har­vard y auto­ra prin­ci­pal de otro estu­dio. Ese análi­sis, pub­li­ca­do en abril, señaló que el vín­cu­lo entre un con­sumo de edul­co­rantes arti­fi­ciales y una may­or mor­tal­i­dad en las mujeres no tenía una cor­relación con­cluyente.

Los autores del artícu­lo de JAMA inten­taron tomar en cuen­ta estos fac­tores de ries­go respec­to a la ali­mentación gen­er­al al reti­rar del estu­dio a par­tic­i­pantes con obesi­dad o fumadores; además, trataron de mejo­rar la pre­cisión con mod­e­la­do estadís­ti­co.

Pero David Lud­wig, espe­cial­ista en obesi­dad en el Hos­pi­tal Infan­til de Boston, dijo que estos supuestos estu­dios obser­va­cionales no pueden real­mente deter­mi­nar la causa y el efec­to. “Tal vez los edul­co­rantes no son los que están aumen­tan­do la mor­tal­i­dad”, comen­tó. “Quizá es que la gente con un ries­go may­or de mor­tal­i­dad, como quienes tienen sobrepe­so u obesi­dad, eli­gen beber refres­cos de dieta, pero eso no resuelve sus prob­le­mas de peso y mueren pre­mat­u­ra­mente” indis­tin­to.

Las pre­ocu­pa­ciones sobre los edul­co­rantes arti­fi­ciales han exis­ti­do des­de la déca­da de 1970, cuan­do algunos estu­dios des­cubrieron que ingerir grandes can­ti­dades de saca­ri­na caus­a­ba cáncer en ratas de lab­o­ra­to­rio. La Admin­is­tración de Ali­men­tos y Medica­men­tos esta­dounidense (FDA) emi­tió una pro­hibi­ción tem­po­ral del edul­co­rante, pero inves­ti­ga­ciones sub­se­cuentes encon­traron que el quími­co era seguro para el con­sumo humano. Los edul­co­rantes quími­cos crea­d­os más recien­te­mente, como el aspar­tame o la sucralosa, tam­bién se han estu­di­a­do mucho; de acuer­do con la FDA, hay poca evi­den­cia de que afecten de man­era neg­a­ti­va la salud de una per­sona.

Algunos estu­dios han encon­tra­do una cor­relación entre los edul­co­rantes arti­fi­ciales y la pér­di­da de peso, mien­tras que otros han sug­eri­do que es posi­ble que incre­menten el deseo de con­sumir ali­men­tos dul­ces.

“No hay ningu­na evi­den­cia de que sean nocivos para la gente con una dieta salud­able que inten­ta vivir una vida sana”, afir­mó Bar­ry M. Pop­kin, nutriól­o­go de la Uni­ver­si­dad de Car­oli­na del Norte, cam­pus Chapel Hill. A él y a otros les sigue pre­ocu­pan­do que dar bebidas dietéti­cas a niños jóvenes les provoque un gus­to por lo dulce.

No obstante, muchos cien­tí­fi­cos afir­man que se nece­si­tan más inves­ti­ga­ciones para deter­mi­nar los efec­tos a largo pla­zo de los edul­co­rantes arti­fi­ciales. La mis­ma nutriólo­ga Mullee, advir­tió que no se debían sacar con­clu­siones deter­mi­nantes de los datos del estu­dio del que es auto­ra, aunque tam­bién men­cionó que los efec­tos nocivos de los edul­co­rantes arti­fi­ciales no se pueden descar­tar. Hizo alusión a estu­dios que sug­ieren un posi­ble vín­cu­lo entre el aspar­tame y los nive­les ele­va­dos de glucemia e insuli­na en humanos.

Para los con­sum­i­dores, la fal­ta de pre­cisión puede ser con­fusa. Jim Krieger, el fun­dador y direc­tor ejec­u­ti­vo de Healthy Food Amer­i­ca, un grupo de defen­sa en Esta­dos Unidos que abo­ga por estable­cer impuestos a las bebidas azu­caradas, dijo que el nue­vo estu­dio y otros como este gen­er­an más pre­gun­tas de las que resuel­ven.

“A estas alturas lo mejor sería tomar agua, té o café sin azú­car y no arries­garte con bebidas de las que sabe­mos poco”, opinó. (I)

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