Nacho Car­retero vuelve a estar de actu­al­i­dad. Tras el secue­stro y pos­te­ri­or éxi­to (tan­to edi­to­r­i­al como audio­vi­su­al) de Far­iña, el peri­odista gal­lego regre­sa al rue­do tele­vi­si­vo de la mano de la adaptación de En el corre­dor de la muerte, su últi­mo libro, que lle­gará en for­ma de serie a Movis­tar+ el próx­i­mo viernes 13 de sep­tiem­bre. La fic­ción, que nar­ra la vida de Pablo Ibar, con­s­ta de cua­tro episo­dios y está pro­tag­on­i­za­da por Miguel Ángel Sil­vestre, que inter­pre­ta al reo español que lle­va 24 años en una cár­cel de EE.UU.

Cues­tion­a­do acer­ca de si Ibar estaría libre si fuera esta­dounidense en vez de his­pano, Car­retero apun­ta que se tra­ta de “una pre­gun­ta com­pli­ca­da”. “Cada esta­do tiene su sis­tema judi­cial y el de Flori­da es de los más con­ser­vadores de Esta­dos Unidos. Por tan­to, cabe pen­sar que ha habido fac­tores que han tenido que ver con el ori­gen o con la posi­ción de Pablo. A par­tir de ahí, más no me aven­turo a decir pero creo que sí ha sido fac­tor que ha influ­i­do”, indi­ca, seña­lan­do que el hecho de que “en un sis­tema judi­cial baste la per­cep­ción de 12 per­sonas deja lagu­nas que son intol­er­a­bles”.

¿Acabará Pablo Ibar sus días en la cár­cel? “Creo que no. De una man­era u otra, lo que tiene a Pablo en la cár­cel es una situación en la que no existe ningu­na prue­ba con­cluyente que demuestre su cul­pa­bil­i­dad. A par­tir de eso, me cues­ta creer que alguien que está encer­ra­do pue­da per­manecer el resto de su vida en la cár­cel. Creo que en algún momen­to sal­drá y que se podrá hablar de esta his­to­ria como el hom­bre inocente que pagó una pena irrepara­ble por un deli­to que no cometió aunque es un pro­ce­so largo”, asev­era.

Pese a que En el corre­dor de la muerte no es una serie al uso, el peri­odista cree que “tiene cabi­da en todo tipo de canal y de platafor­ma”. “En gen­er­al, el espec­ta­dor en España está madu­ran­do a pasos agi­gan­ta­dos. Hace 10 años, una tele­visión gen­er­al­ista no se hubiera atre­v­i­do a emi­tir Far­iña. Las cade­nas se están dan­do cuen­ta que los cam­bios gen­era­cionales no solo tienen que ver con la edad, sino tam­bién con la men­tal­i­dad. El acce­so a pro­duc­tos de todo el mun­do de máx­i­ma cal­i­dad alrede­dor ha con­ver­tido al espec­ta­dor en mucho más exi­gente y maduro”.

carretero corredor.jpg

Nuevos proyectos literarios con las vistas puestas en la televisión

Más allá de en El corre­dor de la muerte, Car­retero con­fiesa que se encuen­tra tra­ba­jan­do “en algunos proyec­tos pero aún son muy embri­onar­ios” aunque todos ellos cuen­tan “con la visión de que se puedan con­ver­tir en un pro­duc­to audio­vi­su­al”. Ante la duda, el gal­lego remar­ca que no se tra­ta de un aspec­to que le condi­cione a la hora de escribir: “He com­pro­ba­do que el audio­vi­su­al quiere mate­r­i­al peri­odís­ti­co, si quisiera más guion­istas, acud­iría a esa fuente. Lo que están deman­dan­do aho­ra las pro­duc­ciones españo­las son his­to­rias peri­odís­ti­cas”.

El éxi­to obtenido en los últi­mos tiem­pos no condi­ciona a Nacho, que huye de la pre­sión autoim­pues­ta para cen­trarse en lo que real­mente sabe hac­er, escribir: “Ten­go claro qué tipo de his­to­rias quiero con­tar y voy a por ellas. El deseo es que fun­cio­nen y hagan rui­do pero no hay que perder la per­spec­ti­va, en el momen­to que pierdes ese hilo y empiezas a escribir con la idea de vender mucho y de que se con­vier­ta en una serie de tele­visión la vas a cagar porque vas a hac­er otra cosa. A mí me ha lle­va­do has­ta aquí lo que sé hac­er”.

Eso sí, Car­retero asume que todo lo que le ha suce­di­do en los últi­mos años ha supuesto un cam­bio rad­i­cal de su vida. “Pien­so que los cam­bios han sido a mejor. Que, de repente, mucha más gente se interese por tu tra­ba­jo es algo pos­i­ti­vo”, expli­ca, recono­cien­do que, “en ese momen­to, cuan­do ocur­rió el secue­stro (de Far­iña) y se estrenó la serie, fueron días difí­ciles, frus­trantes como peri­odis­tas y ago­b­iantes por el foco mediáti­co que tenía enci­ma”.

Seguire­mos Infor­man­do…

Fuente