La com­pañía de entre­ga ráp­i­da de comi­da Deliv­eroo tiene nue­va direc­to­ra de comu­ni­cación en España: Car­oli­na Pérez. Ésta se incor­po­ra a la fir­ma británi­ca después de tra­ba­jar durante más de una déca­da en las ofic­i­nas de Madrid y Bogotá de LLYC.

 

La ejec­u­ti­va cuen­ta con una licen­ciatu­ra en peri­odis­mo por la Uni­ver­si­dad Pon­ti­f­i­cia de Sala­man­ca y otra en Cien­cias Políti­cas por la UNED, y estu­dios pos­gra­do en Admin­is­tración y Gestión de Empre­sas, entre otros. Comen­zó su car­rera lab­o­ral en la Cade­na Cope, donde estu­vo tra­ba­jan­do durante más de seis años en el pro­gra­ma La Mañana; pos­te­ri­or­mente, daría el salto a la comu­ni­cación cor­po­ra­ti­va con su incor­po­ración a OVER MCW. Tras un breve paso de ape­nas un año en la fir­ma, se incor­po­raría a la antigua LLORENTE & CUENCA.

Durante su car­rera en la con­sul­to­ra dirigi­da por José Anto­nio Llorente ha ocu­pa­do en diver­sos car­gos: Con­sul­to­ra de Cor­po­ra­ti­vo y Cri­sis, Con­sul­to­ra Senior de Cor­po­ra­ti­vo y Liti­gios, Ger­ente de Cuen­tas Cor­po­ra­ti­vo, y Car­goGer­ente de Cuen­tas — Comu­ni­cación cor­po­ra­ti­va Y RSC. Cabe destacar que, des­de 2016, ha com­pat­i­bi­liza­do su tra­ba­jo en LLYC con la docen­cia.

Aho­ra se encar­gará de diri­gir la comu­ni­cación en España de Deliv­eroo. Por lo que deberá plan­i­ficar y ges­tionar la estrate­gia de una fir­ma que hace ape­nas unos días com­pleta­ba con éxi­to una ron­da de finan­ciación y obtenía 575 mil­lones de dólares, inver­sión con la que aspi­ra a mejo­rar su equipo tec­nológi­co en Lon­dres, expandir el alcance de sus ser­vi­cios y lan­zar nuevos for­matos. Cabe destacar que bue­na parte de esos ingre­sos proce­den de gigante Ama­zon.

Pérez tam­bién se encon­trará en España con la necesi­dad de mejo­rar la rep­utación de la mar­ca tras haber sido denun­ci­a­da por var­ios de sus ‘rid­ers’ y por los sindi­catos. Estos han lle­va­do a la jus­ti­cia la relación exis­tente entre la com­pañía y sus tra­ba­jadores, que en algunos casos son cal­i­fi­ca­dos como ‘fal­sos autónomos’.

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